Modelo de dialogo con Dios acerca de nuestros emociones
Como hemos visto en el último artículo, las emociones en sí no son malas. Nuestras reacciones hacia ellas hacen toda la diferencia.
Es tan vital que podemos reconocer y nombrar las emociones. Es solamente de esta manera que podemos hacer algo acerca de lo que está sucediendo dentro de nosotros. En este artículo proporciono una aplicación personal para ustedes – un modelo de dialogar con Dios acerca de sus emociones.
Recuerdo bien la primavera del 1999, cuando estaba en Inglaterra. Estaba delante de Dios, derramando mi corazón a Él. Se trataba de una situación afectiva. Me sentí muy mal. Yo no podía decir exactamente que emoción sentía pero lo que sabía, era que me dolía.
Cuando estaba llorando así delante de Dios, diciéndole mi dolor, me dijo (no de forma audible, pero tan real en mi corazón) «Lo que estás sintiendo en un sentimiento llamado rechazo». Y él me mostró dos situaciones diferentes donde me sentí de la misma manera, sin esta persona involucrada.$
Éste fue mi primer paso para comprender que las emociones me pertenecen, y que mayormente, no es la otra persona que lo causo. No era por causa de la persona involucrado en la situacion que estaba llorando. Fue la emoción, que ya hice parte de mi vida, revelándose fuertemente en la situación que me dolió.
Y aprendí que Dios es verdaderamente el mejor y más fiable el lugar al que acudir. Él me conoce, Él conoce a ustedes. Él se interesa. Él se preocupa. ¡Y Él sabe la realidad de nuestras vidas!
Modelo de dialogo con Dios acerca de nuestros emociones
Primer paso:
Vengan a Dios, declaran lo que el hice para ustedes (de acuerdo a la revelacion que usted tienen acerca de él. Agradeciendole por su presencia.
Ejemplo: «Jesús, Gracias por tu muerte à la cruz, que puedo venir libremente en su presencia.
Segundo paso:
reconocen las emociones que están experimentando y describen su profundidad y su efecto en tu vida. Ven Salmo 55.1-8 para ver cómo David derramó su corazón.
Ejemplo: Me siento triste (enojado, temeroso, avergonzado) en este momento. Estoy dividido entre querer llorar y querer estar enojado. No quiero estar alrededor de nadien….»
Tercer paso:
responden a la pregunta «¿Por qué estás tan enojado (temerosos, triste, avergonzado)?» ¿Cuál es el mensaje que este sentimiento les envío? Si usted no lo saben, pregunten al Señor:
Ejemplo: Señor, ¿por qué estoy tan temible? ¿Cuál es el peligro que percibo?
Pausan un momento y dejan que el señor les hable.
Cuarto paso:
preguntan al Señor lo que él quiere que hagan con estos sentimientos. Esta parte del diálogo será diferente para cada uno de los sentimientos.
Ejemplo: (tristeza) Señor, gracias por mostrarme lo que he perdido. Ayúdame a saber cómo llorar mi pérdida. Ayúdame a confiar en ti para transformar mi pérdida en una bendición. Ayúdame a perdonar a los responsables de mi pérdida.
Ejemplo (miedo) Señor, gracias por mostrarme que tenía miedo de perder esa amistad. Señor, quiero que la cosa más importante en mi vida seas tu, y mi amistad contigo. Ayúdame a esconderme en tu presencia, que seas mi refugio. Ayúdame a saber que estoy seguro en ti y que tu eres fiel, no importa que la gente puede hacerme. Ayúdame a saber que puedes darme nuevos amigos. Y que mis temores sean motivación de confiar mas en ti
Quinto paso:
Cerran con un tiempo de alabanza y adoración. Pidan a Dios que siga ayudarlea a procesar estos émociones. Pídanle al Espíritu Santo que les ayudan a utilizar estos sentimientos como una señal para entrar en una nueva conversación con Dios.
Es importante recordar que no existen émociones que no podemos presentar ante Dios. Podemos ser real.
Me encanta (y me desafia) el versiculo que se encuentra en Juan 4.24
Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren.
Cuando lo adorademos en espíritu y en verdad vamos a experimentar su presencia, su amor en un nivel mucho más profundo –en el momento que estamos de acuerdo a adorarlo en lo que somos realmente. Cuando no intentamos de ser lo que creemos que debemos ser. Él no tiene miedo de nuestra realidad. Él no tiene miedo de nuestras emociones. Cuando nos acercamos a él sin máscara, siendo auténticos y veraces, él es capaz de venir y cambiar esta realidad.