Cómo el consejo de un experto cambió mi comprensión al tratar con mi hijo de 5 años de edad

por | Dic 10, 2018 | Educación

Como les dije en el último artículo, hay a veces en que tenemos un desafío específico para uno de nuestros hijos, así que le pedimos ayuda a un buen amigo o incluso a un experto.​

Esto es lo que hemos hecho últimamente.

Le envié a Heinz Etter un correo electrónico, donde le describí a nuestro hijo de cinco años.

Simplemente porque a menudo no tenía ni idea de cómo llegar a él de una manera que él se sintiera comprendido y apreciado. Hubo varias veces en las que sentí que estaba faltando el punto, sin ser capaz de identificar cómo hacerlo mejor.

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En menos de dos horas, Heinz Etter pudo apuntar algunas cosas importantes que estábamos completamente equivocados.

¡​Me encanta ver donde estoy completamente equivocada – pienso que es hermoso ser capaz de enfrentar la realidad y encontrar una solución que transforme la situación!

El cambio más grande en el trato con este niño de cinco años vino con  el entendimiento de lo que  el principal problema que teníamos para llegar a él era  mi falta de validación de  la forma en lo que piensa, siente y reacciona.

Les mostraré lo que me refiero en un par de ejemplos:

  • Siempre necesita que lo acompañemos al baño. Si  nos negábamos a ir con él, él estaba ahí parado, tratando de contener su pis y rogándonos que fuéramos con él. Por lo tanto, alguien de  nosotros fue – pero siempre  le dejamos sentir que realmente sería un niño grande, capaz de hacerlo por sí mismo.
  • Es un niño muy limpio. No quiere, después de lavarse las manos, tocar el grifo para cerrar el agua si el grifo está un poco sucio, ya que no quiere volver a ensuciarse. Así que solíamos apagarlo para él, sin embargo, no sin darle  la sensación de lo que esto no debería ser un gran problema.
  • Si él, por accidente, derramó toda la leche en el suelo en lugar  de su taza, se puso a llorar, sintiéndose muy mal por  ello. Mi reacción fue decírselo: “¡No te preocupes, no es nada!” y limpiarlo  para que se sienta mejor.

Por supuesto que lo hice con el deseo de hacer su vida un poco menos complicada y relajada.

Sin embargo, como me explicó Heinz Etter, hice lo contrario.

¿​Por qué?

Bueno, porque estaba metiéndome con su realidad.

Le dije con mi reacción:

“La forma en la que sientes y percibes la vida está mal. Tu realidad no es válida”.

Entonces, ¿cómo puedo responder en lugar de eso? ¿Cómo puedo llegar en apreciación activa, validando la manera en la que él se siente y piensa?

  • ¿Y qué hay de tener que ir siempre al baño con él, este niño de cinco años?

    Bueno, su realidad puede ser

“no puedo ir solo, porque me puedo mojar un poco” o “no puedo llegar muy bien al papel higiénico, me siento tenso yendo solo”.

Cualquiera que sea su realidad, es su realidad, la forma en la que se siente al  respecto,  la forma en la que percibe ese asunto.

Al decirle que “es un niño grande y debería poder ir solo”… le doy el mensaje de que sus sentimientos y percepciones son simplemente erróneos.

Por lo tanto, ¿por qué no acompañarlo, sin decirle que es un niño grande que podría hacerlo solo? Aceptando el hecho de que se siente más seguro para ir con uno de nosotros, cuando le preguntamos dónde podemos ayudarlo o qué necesita que hagamos.

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Inmediatamente, empezamos a tomar esta actitud. Dejamos de ser impacientes y molestos por su necesidad de nuestra compañía para ir al baño.

Después de haberlo hecho durante unos días, hubo un momento en el que simplemente no pudimos ir con él. Ni Benny ni yo teníamos la capacidad de dejar lo que estábamos haciendo e irnos con él. Siguiendo el consejo de Heinz Etter, le dijimos:

“Lo sentimos, ahora mismo no podemos. Puedes esperarnos (y si te orinas en los pantalones te ayudaremos a limpiarlo más tarde) – o puedes tratar de ir solo. Lo sentimos, hijo”.

Nos miró, se le veía pensando, y se fue al baño él solo.

Seguimos yendo con él al baño siempre que podemos, sin darle la sensación de lo que su percepción es errónea y molesta.  Lo haremos hasta el día en lo que ya no nos necesite.

  • ¿Qué hay de su necesidad de tener las manos limpias, que es tan fuerte que no quiere tocar el grifo que está sucio?

Heinz Etter nos lo dijo:

“Bueno, algunas personas obligan a sus hijos a quedarse con las manos sucias, simplemente para enseñarles a no ser tan hipersensibles. Pero creo que estamos llamados a ser compasivos. Si realmente quieren llegar a su hijo en esa situación, pueden poner una cubeta con agua y una toalla en cada habitación de la casa, para que pueda lavarse las manos y secárselas correctamente sin estrés”.

Entendí lo que estaba diciendo. Tenía mucho sentido para mí.

  • ¿Qué hay de su reacción sensible a cuando echó a perder la leche en el suelo en lugar de verterla en su taza? ¿Le ayudo si le digo que no pasa nada? Quiero que se relaje con eso, después de todo.

Una vez más, creé el mismo problema: en su percepción, cuando vio toda la leche en el piso, esto fue algo terrible. Mi respuesta, que no era ningún problema, le dejó con la sensación de que su percepción de esta situación era completamente errónea. Esto además del hecho de que al tratar de calmarlo, tuve que reprimir mis sentimientos de impaciencia o irritación.

Heinz me dijo: una mejor manera sería decir:

“¡Oh, no, mira qué desastre! ¡Hay leche por todas partes! Vamos, limpiemos esta  leche juntos”.

Simplemente ser real y auténtico al respecto, sin tratar de sobrepasar su manera de sentirse terrible al respecto. Alcanzarlo ayudándolo a limpiar el desastre, sin culparlo ni avergonzarlo, por supuesto.

Algo dentro de nosotros se cambió. Nos dimos cuenta de una manera más profunda que no es nuestra tarea dar forma a la percepción y realidad de la vida que tienen nuestros hijos.

No necesitamos tratar de hacerles la vida más fácil diciéndoles que no hay necesidad de sentir lo que sienten.
De alguna manera sabía que esto era cierto, como cuando se lastiman y lloran, por ejemplo, como escribió Benny en ese artículo.

Pero después de la charla con Heinz Etter me di cuenta de que hay una verdad mucho más profunda que aplicar en las vidas de nuestros hijos:

Cada uno de ellos tiene una percepción única de la vida. Tienen una mezcla única de sentimientos y  realidad que los hace lo que son. Algunos de ellos son más fáciles de entender, otros están en el lado “perfeccionista” de la vida. Mi tarea como padre no es hablarles de cómo se sienten acerca de las cosas.

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No seré capaz de llegar a sus corazones y conectarme con ellos si me falta esta capacidad de mostrar empatía y compasión por cómo ven las cosas y cómo experimentan la vida.

Llegaré mucho más a sus corazones al validar  la manera en la que ven las cosas y sienten la vida y al mostrar empatía y comprensión.

Cuando siento empatía, demuestro la capacidad de sentir con mi hijo, pero todavía sé que eso no es mi propia experiencia. De esa manera, puedo ser un lugar seguro para que mi hijo sea simplemente quien es, lo que a su vez crea la plataforma perfecta para que mi hijo madure y crezca.

 

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