¿Cómo puedo hacer que un niño obedezca aunque no quiera? – un ejemplo práctico

por | Mar 5, 2020 | Educación | 0 Comentarios

Cuando le dije a un niño en el almuerzo colectivo semanal de nuestra escuela hace unas semanas que me ayudara a cargar la mesa, se largó con las palabras

“¡No, no tengo ganas!”

En ese momento me sentí impotente y dejé que otro chico me ayudara.
Antes del siguiente almuerzo colectivo pensé en cómo podría reaccionar en tal situación; y se me ocurrió una buena idea:

En la siguiente comida le pregunté al mismo chico otra vez si pudiera ayudarme. Cuando se escapó de nuevo con palabras similares a la última vez, lo seguí y le dije con una voz tranquila y bastante confiada:

“Bueno, si no me ayudas, tampoco tendrás ningún almuerzo”. 

El chico me miró con sorpresa:

“¡Pero eso no es justo!”, dijo.

Le respondí: 

“Bueno, creo que es injusto que simplemente te escapes y te niegues a hacer lo que te digo”.

 Poco tiempo después, la mesa estaba en el lugar indicado y me sentí bastante bien; ¡el muchacho había hecho lo que yo le había dicho! 

En la reunión mensual de padres de nuestra escuela les dije cómo había manejado esta situación; no todos los padres encontraban mis métodos de educación apropiados:

“¡En nuestra escuela no amenazamos!”

“¡No dar comida habría sido irrealizable!”

 Tuve que coincidir con ellos: Amenazar no es realmente nuestra forma de lidiar con los niños.

Pero, ¿qué otra cosa podía hacer?

 Mi curiosidad se despertó; quería obtener una respuesta adecuada a mi pregunta y le pedí al experto en educación Heinz Etter por correo electrónico si podía ayudarme.
Me ofreció una conferencia por Skype, junto con todas las madres y profesores interesados de la escuela.
Hicimos esto hace unas semanas y ahora intentaré describir brevemente lo que entendí de esta conversación.

Por supuesto, esta consulta también trató temas que sólo son válidos en el contexto de las instituciones públicas, como nuestra escuela. Pero hubo algunos pensamientos muy interesantes que me gustaría compartir con ustedes: 

Como hemos visto, este chico – llamémosle David – mostró una resistencia a una orden pequeña que le había dado. La opción de amenazar a David con no almorzar tampoco era ideal para Heinz Etter. “Es una amenaza que no puede ser razonablemente ejecutada”.

 ¿Cómo pudo David ser motivado a cooperar sin amenazas?

 También le hicimos esta pregunta a Heinz Etter.

 Nos lo dijo:

Hacer preguntas es siempre una buena manera de trabajar con los niños, especialmente cuando nosotros como padres o profesores carecemos de la empatía necesaria. 

Le habría preguntado a David a solas:

 

“David, ¿cuál es exactamente tu problema?”

  

Su respuesta probablemente habría sido algo así:

 

“Siempre tengo que ayudar a llevar esta mesa, y esto cada vez que me divierto jugando!

 

“¡De hecho, puedo entender que lo encuentres injusto! ¿Tienes alguna idea de cuál podría ser la razón de esto? Porque tienes razón, me gusta preguntarte.”

 

“¡No te agrado y quieres interrumpir mi juego genial!”

  

“En lo que a mi concierne, sé que eso no es verdad. Me agradas mucho. Pero te pregunto con preferencia, porque sé que eres el más fuerte. No puedo pedírselo a Silvio. Imagina cómo sería si él llevara la mesa.

Sabes, los dos más fuertes somos tú y yo.

“Vamos. Llevemos la mesa juntos. Se hace en un minuto.”

Etter lo describió con más detalle:

A menudo es difícil para nosotros los adultos mostrar la empatía necesaria, especialmente cuando nos sentimos amenazados en nuestro papel de adultos responsables.

Tan pronto como nos ponemos en la posición en la que la obediencia o desobediencia de un niño nos domina, la situación actual se bloquea y nos presionamos para reaccionar inmediatamente para remediar la situación.

En muchas familias la manera más común de tratar con tal situación es enviar a un niño lejos: “Si no haces lo que te digo, tendrás que ir a tu habitación”. “Si no te comportas bien, tienes que alejarte de mí”.

Tal método educativo es extremadamente problemático y contraproducente (como se describe aquí). Pero esta reacción es epidémica. Muchos padres no pueden alejarse de este concepto cuando tratan de mantener el control sobre sus hijos.

En el libro de Heinz Etter “Criar a los niños con confianza” encontré una sección que describe este tema con más detalle: 

(obra todavía no ha sido traducida al español. Aquí pueden encontrar una descripción a grandes rasgos de qué se trata.

Los padres suelen hacer la pregunta del “por qué”, pero en un tono que anticipa la respuesta, porque la pregunta ya implica un juicio: no hay razón para tal comportamiento. Esto es exactamente lo que quiero hacerte saber con mi pregunta. Si pensaras en el motivo por el que estás haciendo esto, sin duda te alejarías de él. „

Por lo tanto, me gustaría hacer un llamamiento a una nueva forma de tratar con nuestros hijos, una que le diga al niño: “Supongo que tienes buenas razones para comportarte de esta manera y de aquella, pero pondré algunos otros argumentos en tu campo de visión.

S.94/95 de la version alleman.

Con estas sabias pero desafiantes palabras me gustaría cerrar este artículo.

En el próximo artículo entraré en más detalles sobre esta resistencia, esta contra voluntad: Qué es, por qué no son sólo los niños los que la sienten y cómo podemos enfrentarla de manera constructiva.

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