«¿Qué hago cuando me entero de que mi hijo ha sido abusado sexualmente?» Aquí encontrará ayuda para enfrentar esta situación.

por | May 16, 2019 | Crecimiento personal, Educación | 0 Comentarios

En este artículo, se mostró cómo establecer un diálogo con los niños para evitar, dentro de lo posible, el abuso. El segundo artículo discutió cómo los adultos deben actuar para eliminar las dudas e identificar el posible abuso del niño.

Si desgraciadamente existiera un abuso real, debemos ver cómo actuar ante esta situación.

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Como en los dos últimos artículos, trabajo con el libro

 

“¿Hay que hablar de esto con los Niños? Prevenir, detectar y gestionar de los abusos sufren por los niños “,

 

escrito por Gérald Brassine.

Trabajé con la versión francesa así que todas las paginaciones están tomadas de la versión francesa.

El autor nos dice al principio de este capítulo: (p 67)

«El tema tratando  toca esencialmente los terrenos afectivos y de las relaciones entre los familiares.»

En el prólogo del libro, aclara las razones:

«Al ser psicoterapeuta y no jurista, me acerco más al aspecto privado de la pedofilia. Mis propuestas no remplazan de ninguna manera las gestiones propias con las autoridades judiciales al denunciar hechos probados. «(p.12)

Al tratar de resumir este capítulo en un artículo, me encontré con una tarea bastante difícil: cada una de estas 40 páginas estaba llena de información y explicaciones que considero muy valiosas para tratar este tema y manejar una situación de abuso.

Entonces decidí limitar este artículo a un aspecto muy práctico.

Si te encuentras en una situación de abuso que necesita ser manejada, este artículo te dará algunas ideas, te pondrá en una pista. Les aconsejo vivamente que lean este pequeño libro para profundizar en esta información y en las reflexiones del autor.

Dice en el prólogo: (p.10)

«Los puntos de vista que presento no se basan en elaboraciones teoréticas; son el fruto lentamente madurado de más de 40 años en contacto con niños y adolescentes víctimas de abusos sexuales, o de adultos que viven con este viejo trauma. «

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Escuchar el relato del abuso (p.68)

Los abusos, chantajes y candados impuestos por el abusador son, como hemos visto, extremadamente diversos. Tras la prevención, las revelaciones tomarán formas también muy variadas.

Pero es importante saber que hablar no le da al niño la impresión de que lo aliviará.
En efecto, en la mayoría de los casos al hablar, la víctima se expone a las amenazas del abusador, la culpabilidad, vergüenza e incredulidad, al peligro de decepcionar y por supuesto, al riesgo eventual de reactivar el traumatismo que intenta desesperadamente evitar.
Es por eso que algunos niños permanecerán encerrados en un profundo silencio antes de hablar. Otros de repente contarán la historia poco a poco; otros lo contarán todo de golpe.

En todas formas, es primordial que el niño denuncie el abuso sufrido. Cuando hable con su «adulto de referencia» lo hará con confianza, sin miedo ni vergüenza, contando lo ocurrido y dándole a este relato un valor terapéutico. A partir de entonces, es imperativo que este adulto identifique rápida y claramente las circunstancias del abuso y a ser posible, al abusador, porque tendrá que ser, en lo sucesivo, el representante de una joven víctima que corre peligro de ser maltratada por la sociedad.

 

Ateraciones en la sociedad (p.70)

¿Qué significa «una joven víctima que corre peligro de ser maltratada por la sociedad»?

  • Pues bien, algunos psicólogos piensan, que hacer hablar al niño y pedirle que cuente el abuso le hará bien cuando otros psicólogos exigen que se imponga el silencio y que no se diga nada para no reavivar el dolor y crear una «victimización secundaria», es decir, un estado psicológico en el que cada repetición de lo vivido es una nueva de tortura.
  • La policía necesita un testimonio preciso y detallado para seguir una investigación llevara  a nada si el principal interesado mantiene su silencio.
  • En el momento de presentar cargos, el tribunal planteará todo tipo de dudas.

Un niño sufre de tener que contar o por contrario callarse en lugares y frente a personas desconocidas. De la misma forma, los padres están completamente desorientados en un momento en el que ya se encuentran ya desamparados.

Frente a estos conflictos no es de sorprender que algunos de ellos prefieran mantener el silencio.

 

Regreso al entorno familiar (p.71)

Pero lo más importante en todo esto es darse cuenta de que la gestión del abuso y el sufrimiento del niño maltratado tendrá que hacerse principalmente en el entorno familiar.

El adulto de referencia debe, en la medida de lo posible, representarle, tras haber recogido un máximo de información con un mínimo de sufrimiento.

 

Felicitar el niño por su valentía  (p.73)

El silencio, lo hemos visto, está fuertemente impuesto al niño por un abusador manipulador y amenazante.

El autor hace hincapié en que:

«el adulto no debería sentirse traicionado porque el niño no ha contado, ni sentirse culpable por no haber entendido o comprendido al niño, absteniéndose, obviamente, de hacer reproches».

Sigue explicando que:

el niño puede incluso sentir de haber mandado un mensaje claro «ya que mamá siempre me entiende», quejándose, por ejemplo, de los dolores de estómago o diciendo que no quiere ir a casa del tío.

Lo realmente importante es que el adulto felicite al niño por su valor y le repita cuánto lo ama, cuánto admira el valor, cuánto no lo culpa….

 También, es importante que al escuchar las revelaciones, no se deje guiar por las propias emociones y mantenga el control de las expresiones para no frenarlas; por eso es necesario de evitar reflexiones como:

  • «¡Es increíble! » ,

  • «¡Es impensable!» ,

  • «¡Esto no es verdad!» ,

  • «¡No me lo puedo creer!»,

Toda frase que de la razón al abusador que supo convencer al niño de que nadie lo iba a creer.

Por lo tanto, debemos evitar reaccionar en términos violentos:

  • «¡Voy a romperle la cara!» o

  • «¡Voy a matarlo!»

porque estas declaraciones intempestivas pueden asustar al niño hasta el punto de hacer que se retracte.

 

CUANDO EL NIÑO O NIÑA NO SE SIENTE CREÍDO U OÍDO, SUFRE EL MAYOR TRAUMA, INCLUSO MÁS DESESPERADO QUE EL PROPIO ABUSO.

 

Eliminar el sentimiento de culpa del niño (p.76)

Es importante explicarle al niño:

  • que es una víctima y que solo el adulto es 100 % responsable y culpable de los actos sexuales que le hizo sufrir.
  • No es culpa suya que no pudo parar las maldades del abusador, porque solo un adulto puede frenar a otro adulto o, en todo caso, que no es lo que se espera de un niño.

Hay que tener cuidado al hablar de «revelaciones», «información» o «relato»  a propósito de lo que cuenta el niño, y nunca de «confesiones» porque este término está reservado para los culpables.

 

Hablar del abusador como de un enfermo al cual se puede ayudar o de alguien que parece bueno (p.77)

El abusador – la mayoría de las veces un miembro o un amigo de la familia, se muestra extremadamente amable pues una actitud agradable en público le ayuda a esconder la violencia que ejerce en privado.

Tratar al abusador de «malo» mientras ha sido conocido por todos como «bueno» confundiría al niño.

Calificar al pederasta de «enfermo» en vez de «malo» ayudará al niño a reconocerlo. Hablando así, al niño se le ofrece no acusar, sino ayudar al adulto «enfermo» que lo maltrata.

 

Saber quién es el abusador y cuáles son sus chantajes (p.78)

Se debe comprometer con el niño en parar inmediatamente los abusos y empeñarse en ellos, con o sin la ayuda de la justicia. Pero claro, para ello, es necesario conocer las circunstancias del abuso –

«qué, cuándo, quién, cómo, etc.»

y hacer las preguntas adecuadas.

 

Hacer preguntas abiertas (p.79)

Importa aquí, ser preciso y delicado. Evitemos preguntas sugestivas o cerradas, es decir aquellas a las cuales sólo se puede responder por «si» o «no» como, por ejemplo:

  • «¿Has visto la colita muy dura de Fulano?»;

  • ¿Te tocó entre las piernas?», etc.

Interrogando al niño de este modo, estamos sugiriendo una respuesta.

Así que hay que hacer preguntas abiertas, es decir las que necesitan una explicación o un comentario como respuesta. Por ejemplo, para identificar al abusador y la naturaleza del abuso:

  • «que ha pasado?»;

  • «quién te hizo qué?»

Así, su pregunta no ha inducido la respuesta y tiene más posibilidades de llegar a la verdad.

 

¡Atreverse a saber! (p.81)

Si bien o hay que sugestionar al niño, es fundamental atreverse a plantear preguntas abiertas para saber concretamente y lo que pasa y cómo está pasando:

  • «¿Que gestos ha hecho?»;

  • «¿Que pide?»;

  • «¿Cuántas veces ha ocurrido?»;

  • «¿Dónde y cuándo?»

Hay que identificar las circunstancias obviamente, sin sugerirlas:

  • En casa,
  • en la escuela,
  • en el auto,
  • por la noche cuando usted duerme o sale a hacer la compra,
  •  en presencia de otras personas.

Por fin, hay que descubrir los candados puestos por el abusador:
«Que te dijo que ocurriría si hablabas de esto?»

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El autor propone acompañar a un niño (o incluso a un adulto en Terapia) con las siguientes herramientas útiles:

¡Tomar nota! (p.82)

Un niño puede ser muy lento en contar los hechos y hacerlo poco a poco o, por contrario, lo puede soltar todo de golpe. En todos los casos, tome nota de lo que cuenta tal y como lo cuenta, con las palabras y frases exactas que utiliza, poniéndolas entre comillas.

 

Diario doctor, Diario hospital, Diario basura… ((p.84)

Adoptando un enfoque suave podremos aliviar los recuerdos del niño
 sin herirlo. Se puede, por ejemplo, convertir el diario que contiene sus revelaciones en un actor natural y simpático a lo largo del proceso de curación. Cada vez que el niño parezca dispuesto a hablar, el adulto lo propondrá confiar sus memorias a la libreta de apuntes presentándolo como terapéutico, un cuaderno en el que se le pedirá al niño que se nombre a sí mismo.<

Invitando al niño a revelar y cuidar así de su sufrimiento, el adulto no lo fuerza a hablar, sino que le permite desahogarse. Sin volverle a herir, el adulto demuestra su disposición a escuchar y, al mismo tiempo, aprende a aceptar la realidad vivida y a atreverse a saber».

 

El cerrojo (p.93)

Si el abusador vive bajo su mismo techo que la víctima, hay que tomar medidas inmediatas. En términos prácticos, es indispensable colocar un cerrojo interior, sencillo de utilizar para el niño, sobre la puerta de la habitación de los niños y sobre la de los cuartos de baño y de los aseos.

El autor describe una situación en la que una joven de 15 años que comentó a algunas de sus amigas que su padre estaba abusando de ella. La información llegó a la policía, pero una vez interrogada, la joven negó haber sufrido estas dificultades, además, nadie podía imaginar quién podía ser el hipotético abusador. Una asistenta social utilizó, La trabajadora social utilizó, respetuosamente y sin acusar a nadie, los principios aquí enunciados y sugirió que, para silenciar los rumores y devolver la calma a todos, sería oportuno poner un cerrojo en la puerta de la habitación.
Las noches siguientes, el padre vino a suplicarle a su hija que abriera la puerta. ¡Ella se negó!. Al cabo de 15 días, el padre, que hasta entonces nunca había utilizado la violencia física, sino un candado de seducción y amor – «es porque te quiero» – para abusar de su hija, la esperó, escondida en el salón, y se echó sobre ella para violarla. A raíz de aquello, la adolescente denunció el acto y comprendió que su madre ignoraba totalmente las acciones del padre.

Si por desgracia,e ste ejemplo se acaba mal, nos permite ver sin embargo que el cerrojo es una técnica sencilla para prevenir al abusador o desenmascararlo.

 

La prevención – un cerrojo psicológico (p.94)

Por metáfora, podríamos decir que la prevención coloca un cerrojo – de orden psicológico – que permitirá enfrentarse al abusador.

 

Asegurarse (p.94)

Ponga sistemáticamente al corriente de lo ocurrido a hermanos y hermanas, es útil en varios aspectos, pues el niño abusado recibe así el apoyo, el reconocimiento y la protección de sus hermanos . Todos los niños se aseguran de una protección mutua que les permite protegerse contra posibles abusos. 

El autor explica:

Evitemos el error de pensar que

«no debemos molestar a los otros niños»

con lo ocurrido a una de ellos y considerar que

«Ya es bastante malo, no debemos alertar a todos».

Este razonamiento lleva directamente a aislar a la víctima, sin que nadie sepa por qué, y a convertir a otros niños en presas ideales para el abusador, ya que no están informados. En otras palabras, equivale a ayudar al abusador preparando un área compartimentada por adelantado; es un comportamiento peligroso.

Finalmente, el autor explica en detalle los beneficios de:

Escribir al abusador (p. 98)

«Desde un punto de vista relacional, la víctima, exigiendo disculpas, al abusador, deja de mostrarse culpable, de ocultarse. (…) Esta carta es  una especie de «granada de pobre» que muchos no se atreven a escribir, pero los que lo hacen se dan cuenta de que les sacude provechosamente y que el apoyo llega rápidamente, la víctima no queda aislada, oprimida…- lo que es una formidable terapia. Y, aunque no se le escriba ni envíe la carta, el simple hecho de pesar en ello, ayuda mucho.»

¿Qué se escribe? El contenido debe adaptarse según el caso, pero puede seguir siendo muy simple.  Se trata de mencionar hechos precisos y es importante tener cuidado con los términos empleados, ya que en caso de alegaciones vagas, la carta puede ser considerada como un chantaje. Se puede también dejar claro al abusador que ya no funciona el candado y que es en adelante capaz de hablar, de contar el pasado y darlo a conocer.

 Espero haberle inspirado con perspicacia, claridad y comprensión sobre cómo tratar este tema difícil……

 Espero que al tener la valentía de tomarse el tiempo para informarse, pueda abordar este tema con más comprensión, sabiduría y claridad para cuidar de sus hijos y seres queridos, y creo sinceramente que la verdad y la luz siempre abrirán un camino que conducirá a la libertad para los afectados.

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